Año Jubilar

Visita a obispos para darles a conocer la Bula del Año Jubilar en atención al Bicentenario de nuestra Beata Madre María Encarnación.
En la foto se observa a las Hermanas Ana Roselia López y Silvia Zamora con Monseñor Gonzalo de Villa.
Estamos celebrando el Año Jubilar por el Bicentenario del nacimiento de nuestra Reformadora la Madre Encarnación desde el 28 de octubre de 2019 y hasta el 28 de octubre de 2020. Damos gracias a Dios por esta oportunidad de gracia para obtener indulgencia plenaria.
¿Cómo ganar la indulgencia plenaria por el Año Jubilar?

Decreto

Prot N. 1491/19/ I

“La Penitenciaría Apostólica…concede gentilmente la indulgencia plenaria, bajo las condiciones habituales (confesión sacramental, comunión y oración según las intenciones del Papa a las religiosas y fieles sinceramente penitentes y conmovidos por la caridad…que también se puede aplicar a las almas del purgatorio si visitan un santuario o cualquier iglesia de peregrinación en el Instituto de las Hermanas Betlemitas y allí participan devotamente en los ritos del jubileo, … concluyendo con la oración del Señor, con el símbolo de la fe y con la invocación a la Santísima Virgen Madre de Dios y a la Beata María Encarnación Rosal.

Los ancianos y enfermos y todos aquellos que por razones serias no pueden salir de la casa, pueden obtener la indulgencia plenaria, colocando la intención de arrepentirse de los pecados y tan pronto como sea posible cumpliendo las 3 condiciones habituales si se unen espiritualmente a las celebraciones del jubileo, ofreciendo sus oraciones y sufrimientos y las dificultades de sus vidas al Señor.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Que en este vapor entramos en el Divino Corazón de Jesús;  nada debemos temer en este asilo de misericordia, sino arrojarnos en Él con entera confianza en su bondad”

Beata Madre Encarnación

Madre Encarnación Rosal, fue confidente del Corazón de Jesús en el año de 1857. Jesús le muestra su corazón atravesado por 10 dardos que representan 10 sufrimientos que los hombres causamos por no cumplir los mandamientos.Lo que le pide Jesús a Madre Encarnación es que lo consolemos ante el dolor que siente, que reparemos su corazón cumpliendo los mandamientos.

Compartimos con todas las filiales de la Parroquia siendo una experiencia muy enriquecedora para nosotras, gracias al Padre Carlos Amado por su acogida, cariño y amor para nuestro Instituto Bethlemita, a  los miembros del Consejo, a cada filial, a los miembros de la Pastoral Social, a los jóvenes, adultos mayores, enfermos y niños; a todos muchas gracias y a seguir adelante especialmente orando para conseguir el milagro para la canonización de nuestra Madre Encarnación. Dios les bendiga y recompense.

 

La Madre Encarnación, por su parte, descubrió en su tiempo, la necesidad de promover a todos, pero especialmente a la mujer, atender a los pobres, huérfanos y enfermos por lo que proyectó el Carisma en centros educativos, internados, enfermerías y hogares. Se esmeraba por brindar una educación de calidad, por formar en valores, preparar a los sacramentos, atender a quienes padecían de enfermedades o carecían de los necesario para vivir. Una frase que refleja su testimonio de entrega es: “Que se pierda todo hijas mías pero que no se pierda la caridad”

Nosotras comprendemos nuestro carisma como participación y comunión con los sentimientos del Verbo hecho hombre en los dos momentos que enmarcan el misterio de Cristo: su nacimiento en Belén y su muerte en la Cruz. Y lo expresamos y proyectamos en nuestras obras educativas, sociales, parroquiales y en el campo de la salud, desde 3 virtudes carismáticas de pobreza, servicio y humildad así como desde las actitudes de alegría, acogida, hospitalidad.

Nuestra Madre Encarnación, enriqueció nuestra espiritualidad con la dimensión reparadora pues Él le pidió iniciar en la Iglesia el culto a las Dolores Íntimas del Sagrado Corazón de Jesús: Los hombres no celebran los dolores de mi corazón. Inspirada por el Señor, elaboró el ejercicio de las diez lámparas en la cual relacionó un momento de la Pasión de Cristo con un mandamiento quebrantado y una forma de reparar mediante la oración y la acción.

Por tanto, nos esforzamos por acoger, servir y amar a los diferentes destinatarios de nuestra misión evangelizadora niños, jóvenes, adultos y adultos mayores con sencillez en nuestras comunidades y obras.