Pastoral Vocacional

El Santo Padre recuerda que hoy más que nunca, con los desafíos del mundo, “necesitamos su entrega total al anuncio del Evangelio” y pide que “no nos dejemos robar el entusiasmo misionero”.

Además, vuelve a insistir en la plegaria, la pobreza y la paciencia como pilares de la vida comunitaria. “Los consagrados, con su oración, pobreza y paciencia son esenciales para la misión de la Iglesia”, afirma Francisco.

“No nos dejemos robar el entusiasmo misionero y recemos para que los consagrados y las consagradas despierten su fervor misionero y estén presentes entre los pobres, los marginados y con los que no tienen voz”

La plegaria

El Papa afirmó que “la plegaria es volver siempre a la primera llamada. Cualquier plegaria, tal vez una plegaria en caso de necesidad, pero siempre es regresar a esa Persona que me ha llamado”.

“La plegaria de un consagrado, de una consagrada, es regresar al Señor que me ha invitado a estar cerca de Él. Regresar a Aquel que me miró a los ojos y me dijo: ‘Ven. Deja todo y ven’”.

Aseguró que “la plegaria es lo que me hace trabajar para el Señor, no para mis intereses o para la institución en la que trabajo, no: Para el Señor”.

“La plegaria, en la vida consagrada, es el aire que nos hace respirar esa llamada –continuó–, renovar esa llamada. Sin ese aire no podríamos ser buenos consagrados. Quizás seremos buenas personas, cristianos, católicos que trabajan en tantas obras de la Iglesia, pero tú tienes que renovar continuamente la consagración allí, en la plegaria, en un encuentro con el Señor”.

La pobreza

El Santo Padre explicó la importancia de la pobreza en la vida consagrada y aseguró, citando las Constituciones de San Ignacio, que “la pobreza es la madre, es el muro de contención de la vida consagrada”.

Sin pobreza “no hay fecundidad en la vida consagrada. Y ese ‘muro’, te defiende. Te protege del espíritu de la mundanidad, por supuesto. Sabemos que el diablo entra por los bolsillos. Todos lo sabemos. Y las pequeñas tentaciones contra la pobreza son heridas a la pertenencia al cuerpo de la vida consagrada”.

La paciencia

“Sin paciencia, es decir, sin la capacidad de padecer, una vida consagrada no puede sostenerse a sí misma, estará a medio hacer”, advirtió el Pontífice. “Sin paciencia, por ejemplo, se entienden las guerras internas de una congregación. Porque no han tenido la paciencia de soportarse el uno al otro, y gana la parte más fuerte, no siempre la mejor; e incluso la que pierde tampoco es la mejor, porque es impaciente”.

Por otro lado, el Papa indicó que la paciencia no sólo es necesaria en la vida comunitaria, sino también “ante los sufrimientos del mundo. Llevar sobre los hombros los problemas, los sufrimientos del mundo”.

“Y también paciencia frente a los problemas comunes de la vida consagrada”. Por ejemplo, “pensemos en la escasez de vocaciones: ‘No sabemos qué hacer, porque no tenemos vocaciones... Hemos cerrado tres casas...’. Esta es una queja diaria, la habéis escuchado. Las vocaciones no llegan”.

En este sentido, advirtió del peligro de caer en la tentación del dinero cuando falta la paciencia a la hora de afrontar el problema de la falta de vocaciones. “Cuando no hay esta paciencia vendemos y nos agarramos al dinero por cualquier cosa que pueda suceder en el futuro. Esta es una señal, una señal de que se está cerca de la muerte: Cuando una congregación comienza a sentir apego al dinero”, advirtió.

TODO TIENE UNA VOCACIÓN:

Importa mucho conocer para qué es cada persona, ya que este ser para algo es lo que puede llegar a integrar la personalidad: - Quien sigue la vocación para la que ha sido creado, forja su personalidad. - Los grandes personajes que presenta la Biblia son quienes siguieron una vocación, por lo contrario, quienes no la siguieron frustraron todo su ser.

LA VOCACIÓN DE ABRAHAM.

Gn 12, 1-20

Dios toma la iniciativa y lo llama; pero lo hace despertando en Abraham un deseo muy humano: tener hijos y ser jefe de un gran pueblo. - Lo destina a una misión futura e incierta "Vas a ser Padre..." No dice cómo ni cuándo: en su vocación hay oscuridad y riesgo (fe y obediencia).

LA VOCACIÓN DE MOISÉS.

Ex 3-4 11,3

La vocación de Moisés es culmen de una larga preparación: - Nace de una raza oprimida (Ex. 1, 8-22). - La hija del faraón opresor lo salva de las aguas (Ex. 2, 1-10) y le da una educación que le prepara para su misión de jefe (Hech. 7, 21-22) (Ex. 11,3). - Su vocación es pesada, llena de dificultades, dudas, desalientos, incomprensiones, guerras... Muere sin contemplar y disfrutar del fin de su misión, sólo la vislumbra (Dt. 34, 1-8).

LA VOCACIÓN DE ISAIAS.

Is. 6,8

Ante las invasiones de los Asirios, Dios necesita quien hable al pueblo de Israel. Isaías responde con prontitud ante esta necesidad y se ofrece para la misión que Dios le determina.